A veces nos ponemos insolitas dificultades para no salir al encuentro de lo otro.
Julio Cortazar en su cuento “No se culpe a nadie” nos habla de un hombre, que mientas su esposa lo espera afuera para ir a comprar un regalo de casamiento, tiene enormes dificultades en ponerse un pullover.
El hombre (un poco desganado ante la tarea que le proponen) comienza una lucha consigo mismo (y con la prenda) donde insiste probando distintas posibilidades (primero con un brazo y luego con el otro, probar con los dos brazos y la cabeza a la vez, o con una mano ayudar a la otra a salir, etc.) en un lucha innesaria y necia, donde cada movimiento nuevo lo agota y lo enrolla en una situación agobiante. Al final del cuento, su brazo izquierdo, toma personalidad propia y se convierte en una garra que lo empuja por la ventana.
Esa voz que nos habla en nuestras cabezas (aupercepcion identitaria), puede enfrentarse a nosotros, y convertirse, cual agente externo, en la mano que nos empuje al precipicio.
La lucha vacia y ansiosa en un momento angustiante nos pone siempre al borde de la caida. Por que por más que nos esforcemos, es una perdida de tiempo si no puedemos sonreir.
I’ll try hard, I’ll try always / But it’s a waste of time / It’s a waste of time if I can’t smile easily
"Vea amigo: hágase una base de sinceridad, y sobre esa cuerda floja o tensa, cruce el abismo de la vida, con su verdad en la mano, y va a triunfar. No hay nadie, absolutamente nadie, que pueda hacerlo caer. Y hasta los que hoy le tiran piedras, se acercarán mañana a usted para sonreírle tímidamente. Créalo, amigo: un hombre sincero es tan fuerte que sólo él puede reírse y apiadarse de todo."
ResponderEliminarR.A