sábado, 4 de mayo de 2013

Postales de los noventa








Postales de los noventa
Despues de una tarde soleada de sabado charlando con mi amiga en el parque, me vuelvo caminando por la feria lateral e informal que se arma siempre en la entrada principal. En uno de los puestos, entre libros usados cuyo único contenido destacado es su espiritu vintage, me encuentro con una vieja Inrockuptibles (mi frachising preferida) de 1996, en su estilo mas minimalista indie (antes del estilo cool y moderno entrado el 2000 y el horrible aggionarmiento actual). 

En la tapa me lo encuentro a Gustavo Cerati con el título: “El jardín melancolico de Gustavo”. Me sorpendió verlo en pose introspectiva, mirando a camara, teñido de colores lavados y apagados y claroscuros acentuados. 

Dentro de la revista leo un Cerati existencialista que se pregunta acerca de su futuro, que se ve crecido y maduro, que mira hacia atrás con la mirada de la experiencia, todavia lejos del renacer vitalista de “Fuerza Natural”. Lo interesante es verlo reflexionar desde un punto de vista estético acerca de su evolución y de su busqueda en nuevos terrenos. Se ve alguien que esta agotado de viejos estructuras, pero donde palpita las ganas de salir a buscar en las aguas de la eletronica. 

“La música ya no es la escala y las letras, la música tiene millones de timbres, unidos, provocaciones sonoras de todo tipo. […] De pronto, lo que parece ser apenas una forma, se convierte en la sustancia de la canción.”

Ahora bien, en contrate con el músico que está en el final de una etapa, nos encontramos unas páginas mas adelante con Andres Ciro, momentos antes de comenzar su ascención al oficialismo del rock, haciendo alarde de su flamante disco “3er Arco”.

Muy conciente de que no sabian bien de que iban cuando arrancaron, nos cuenta  con ayuda del entrevistador, de su propuesta estética. Nos dice que se  ve muy influenciado por “esa mezcla de ritmos, percusión, esa pasión por la música negra” que tienen los Rolling Stone. Ellos llevan esa pasión a la musica local incorporando el candombe, la murga y también el tango. La propuesta es mezclar el rock internacional con componentes locales. Es una lastima que con la partida en el 2000 de Daniel Buira (baterista y percusionista)  hallan perdido esas raices y se hallan quedado solo con las influencias de los stones y el rock más clasico.

Tambíen nos encontramos que hace alarde de lo que el cosidera una ausencia de mascara: el se muestra como es ante su público y de paso le canta un par de verdades acerca de lo que pasa en la calle (“más de uno habra cambiado su forma de pensar”).  Nos habla del recital como un espacio donde “la gente grita contra algo en comun”. Osea que lo que importa son las banderas, eso que enarbolarmos todos en comun. En fin, todo un discurso pedagógico y aburrido que piensa que por que denuncia lo que se ve en los noticieros esta enunciando algo desafiante. 

Viejas postales para una tarde de sabado:  una voz callada que pronto será bocanada y un grito vacio que repite la realidad de todos los días,