Postales de los noventa
Despues de
una tarde soleada de sabado charlando con mi amiga en el parque, me vuelvo caminando por la feria lateral e
informal que se arma siempre en la entrada principal. En uno de los puestos, entre
libros usados cuyo único contenido destacado es su espiritu vintage, me
encuentro con una vieja Inrockuptibles (mi frachising preferida) de 1996, en su estilo mas minimalista indie (antes del
estilo cool y moderno entrado el 2000 y
el horrible aggionarmiento actual).
En la tapa me
lo encuentro a Gustavo Cerati con el título: “El jardín melancolico de
Gustavo”. Me sorpendió verlo en pose introspectiva, mirando a camara, teñido de
colores lavados y apagados y claroscuros acentuados.
Dentro de
la revista leo un Cerati existencialista que se pregunta acerca de su futuro,
que se ve crecido y maduro, que mira hacia atrás con la mirada de la
experiencia, todavia lejos del renacer vitalista de “Fuerza Natural”. Lo
interesante es verlo reflexionar desde un punto de vista estético acerca de su
evolución y de su busqueda en nuevos terrenos. Se ve alguien que esta agotado
de viejos estructuras, pero donde palpita las ganas de salir a buscar en las
aguas de la eletronica.
“La música ya no es la escala y las letras, la
música tiene millones de timbres, unidos, provocaciones sonoras de todo tipo.
[…] De pronto, lo que parece ser apenas una forma, se convierte en la sustancia
de la canción.”
Ahora bien,
en contrate con el músico que está en el final de una etapa, nos encontramos unas
páginas mas adelante con Andres Ciro, momentos antes de comenzar su ascención
al oficialismo del rock, haciendo alarde de su flamante disco “3er Arco”.
Muy
conciente de que no sabian bien de que iban cuando arrancaron, nos cuenta con ayuda del entrevistador, de su propuesta
estética. Nos dice que se ve muy
influenciado por “esa mezcla de ritmos,
percusión, esa pasión por la música negra” que tienen los Rolling Stone. Ellos llevan esa
pasión a la musica local incorporando el candombe, la murga y también el tango. La
propuesta es mezclar el rock internacional con componentes locales. Es
una lastima que con la partida en el 2000 de Daniel Buira (baterista y
percusionista) hallan perdido esas
raices y se hallan quedado solo con las influencias de los stones y el rock más
clasico.
Tambíen nos
encontramos que hace alarde de lo que el cosidera una ausencia de mascara: el
se muestra como es ante su público y de paso le canta un par de verdades acerca de lo que pasa en la calle (“más de uno habra cambiado su forma de
pensar”). Nos habla del recital como
un espacio donde “la gente grita contra algo en comun”. Osea que lo que importa
son las banderas, eso que enarbolarmos todos en comun. En fin, todo un discurso
pedagógico y aburrido que piensa que por que denuncia lo que se ve en los
noticieros esta enunciando algo desafiante.
Viejas
postales para una tarde de sabado: una voz
callada que pronto será bocanada y un grito vacio que repite la realidad de
todos los días,

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